Alba Moreno 21 abril, 2019

Los eurofans son, probablemente, el público más fiel. Eurovivisión es capaz de crear un ambiente en que todo el mundo está invitado. No importa la edad, ni el colectivo, ni el género. Eurovisión es el ritmo que nos une. Precisamente ese es el eslogan de la Pre Party española, que ha reunido a más de 2000 personas en la Sala Riviera durante este fin de semana.

La archiconocida ‘Blue carpet’ se estrenó con los artistas que ya habían actuado en la Welcome PreParty del día anterior. Pero lo más esperado fue la llegada de los representantes de Eurovisión de este año. Un divertidísimo Serhat de San Marino se acercó a Infodiario.es para cantar con nosotros Say Na Na Na, el tema con el que intentará hacerse con el micrófono de cristal. El anfitrión del festival este año en Israel, Kobi, un Michael Rice adorable y Lake Malawi, los checos -que parecían la delegación alemana por el color de sus jerséis- y el jovencísimo Eliot de Bélgica contaron sus ganas por participar en el festival y lo mucho que les gusta La Venda

Pero los gritos se dispararon cuando llegó la grandiosa Betty Missiego. Con toda una vida dedicada a la música, hace 40 años que fue a Israel para representar a España en Eurovisión, y quedó segunda. Elegante, sencilla y agradecida, así fue su entrada, en la que todos los eurofans le mostraron el respeto que sienten por ella cantando Su Canción. Más tarde llegaron Las Ketchup, que no pudieron ser más divertidas. Las cordobesas se pasearon por la alfombra azul arropadas por los fans y por la prensa, que no las dejaron escapar.

Una vez terminada la alfombra azul, una Julia Varela y un Tony Aguilar impecables daban comienzo la Pre Party con las 22 delegaciones que se desplazaron a Madrid para presentar la candidatura que llevarán al festival.  Al escenario salieron los finlandeses Darude y Sebastian Rejman con una mini sesión de dj en su cabina, y el georgio Oto Nemsadze enloqueció a los oyentes. A continuación saltaron al escenario Srbuk (Armenia), Jonida Maliqi (Albania), y Victor Crone (Estonia), que levantó las voces del público con Storm. Leonora (Dinamarca) cantó con su gorrito inseparable, y Roko (Croacia) sorprendió para bien con su balada The Dream. Katherine Duska (Grecia), por su parte, llegó -a pesar de los rumores- a las notas más altas de Better Love, que viene apuntando fuerte. Los checos Lake Malawi llenaron de energía y felicidad la sala con Friend of a Friend, y los islandeses Hatari montaron un espectáculo digno de ver con su extravagante vestuario y Hatrio mun sigra.

El grupo Keiino de Noruega asombró con su fantástico Spirit in the sky pero, además, hicieron una versión brutal de Shallow (Lady Gaga), con una característica intervención en sami, el idioma de los lapones. Con la llegada de Michael Rice (Reino Unido), el público se engrandeció, dándolo todo en Bigger than us, y con Ana Odobescu (Moldavia), los eurofans demostraron que Stay es una de sus canciones favoritas. El belga Eliot despertó a aquellos dormidos con Home, de Kobi (Israel), una balada que podría quedar en buena posición en el fesitval. Con su tema Wake up, el belga demostró que vino a luchar por el micrófono de cristal, y el público quedó encantado (servidora incluida).

Una de las dos homenajeadas de la noche, Lydia (España 1999) salió al escenario a interpretar dos de sus canciones más famosas, y después de la intervención de los presentadores, la cantante sorprendió con el famosísimo vestido de Agatha Ruiz de la Prada con el que fue a Eurovisión. Más tarde, la versión más diva de Serhat (San Marino) hizo gritar al público con su canción Say Na Na Na, y las S!sters de Alemania deslumbraron en el escenario. El lituano Jurijus corrió con los leones con el público con su canción, y los montenegrinos D-Mol llevaron al cielo a los eurofans con su Heaven. Cuando Rosa López entró en escena fue similar a cuando sale el Papa a la Plaza de San Pedro. La granadina interpretó Yo no soy esa, pidió que la música no parara con Don’t stop the music e hizo bailar a absolutamente todo el mundo con una versión quizá poco acertada de Europe’s living a celebration pero, a pesar de eso, el ambiente no pudo ser más eurovisivo, y se escucharon más los gritos de los eurofans que su propia voz. De repente, alguien salió al escenario a interpretar Nobody but you, aunque la verdad es que no se podía apreciar bien si era Famous o César Sampson. Eran los dos, y se convirtió en un milagro eurovisivo.

El momento más emotivo de la noche fue el homenaje a Betty Missiego, que cantó Su Canción e hizo llorar a más de uno. Y cuando Miki -por fin- salió al escenario, lo hizo con la canción con que entró a Operación Triunfo, Hijos de la tierra. Ahora sí, las vendas se alzaron como símbolo de apoyo a nuestro representante, las voces se unieron al unísono por enésima vez en toda la noche y Miki cantó La Venda con una energía que dejó entrever las ganas y la ilusión que le pone. El público siente que lo está haciendo bien y de corazón, y eso solo le puede traer cosas buenas. Los eurofans se lo agraderemos siempre. ¡Viva Miki, y larga vida a Eurovisión!

 

Foto: Brian Bujalance (Infodiario.es)

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