Alba Moreno 12 junio, 2019

No es la primera vez que Ed Sheeran llena un recinto de sesenta mil personas, ni mucho menos. Ya colgó el sold out en Wembley con su X Tour, y lo volvió a hacer el pasado viernes en el Estadi Olimpic de Barcelona, pero lo que el británico hizo ayer en el Wanda Metropolitano de Madrid con su Divide Tour, su mayor concierto en España, es otro rollo. Y es que, en las altas gradas del templo del Atlético de Madrid no cabía ni siquiera uno de sus gatos, a los que llama, cariñosamente, ‘the Wibbles’.

Con una puntualidad británica impecable, Sheeran paseó tranquilo hasta el escenario, que hacía escasa media hora había estado conquistado por Zara Larsson -una sueca cuyas canciones has escuchado millones de veces aunque no sepas quién es-, y James Bay, un tío de estética alternativa con un estilo parecido al del anfitrión de la noche. El estadio tembló con los gritos de los fans que habían estado esperando desde las 9 de la mañana para conseguir la primera fila, pero también de aquellos que llegaron a última hora.

Castle on the hill, el primer sencillo del tercer disco de Sheeran inauguró un concierto en el que -como en todos los de sus giras- se encontraba él solo, con su guitarra y los pedales de un looper por el que grababa y reproducía percusión, guitarras y coros mientras seguía con su canción. Con una puesta en escena sencilla y con un «Buenas noches, Madrid», comenzó a tocar The A Team, incluida en su primer disco y que, sin duda, le dio la oportunidad de llegar hasta donde está hoy. Quizá eso es lo que le hace más interesante: él monta solo su propia música en directo, renuncia a una banda y se expone ante sesenta mil personas que miran expectantes. Y lo hace sin olvidarse de dónde viene, porque «hasta hace diez años tocaba en locales para dos personas», y por eso recordó tres de sus canciones estrella en ‘+’, su primer álbum de estudio: Lego House, Kiss y Give me love, algo que causó el furor y las lágrimas de un público que no podía estar más entregado.  De pronto el estadio se convirtió en una noche estrellada pese a que la luz del día aún se asomaba por encima del Wanda, y eso hizo que Dive y Tenerife Sea, dos de las canciones más especiales que contiene Divide, fuera aún más emocionante.

Si alguien cree que las canciones de Ed Sheeran son solo de amor, baladas y tranquilas, es que no ha escuchado absolutamente nada del músico que más discos vendió en 2017. Porque después de una sobrecarga emocional con Thinking out loud -pedida de mano incluida-, Perfect (gracias a Dios sin Beyoncé) y Photograph, llegó Galway Girl, una canción que pone de buen humor a cualquiera, para después rematar con Sing y su melodía -más pegadiza que la de Viva la Vida de Coldplay-, e interactuó con el público para que nadie se quedara sin corear y gritar esta canción. Y se marchó. Pero el Wanda no se calló, porque sabía que faltaba algo. Y así fue. Volvió unos treinta segundos después, eso sí, con la camiseta de la Selección Española (la que tanta polémica tuvo por una supuesta representación de la bandera de la República), y una bandera de España que no sabía dominar demasiado bien. Así se puso a rapear y a recorrer el enorme escenario con Shape of you y You need me/don’t need you, un tema que no puede ser más acorde al estilo con el que inició su carrera.

Un jovial y aparentemente feliz Ed Sheeran empezó el concierto más grande que ha dado en Madrid con la primera canción de su último álbum, y la cerró con una de las últimas de su primer trabajo de estudio, una metáfora que supo retratar a la perfección con una actitud divertida, entregada y risueña que cautivó a todos y cada uno de los espectadores. Sus conciertos son espectáculos, tanto por su modesta puesta en escena en ese escenario tan impresionante, como por su presencia en el escenario. Porque, si las versiones de estudio son espectaculares, en directo la calidad es aún mayor porque sabe mantener su esencia, sabe lo que quiere tocar, y transmite una energía que pocos consiguen. Su humildad y su trabajo constante le ha convertido en la leyenda de la música del siglo XXI, por eso hay que sentir a Ed Sheeran al menos una vez en la vida. 

Foto: Europa Press

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