El FC Barcelona se impuso anoche en Tánger al Sevilla por 2-1 en la primera Supercopa de España disputada a partido único.

La imagen de anoche fue la de Leo Messi levantando un trofeo por primera vez como capitán del Barcelona. Un Barça que era favorito, pero que tuvo que sufrir en exceso para llegar a esa estampa. Los pupilos de Ernesto Valverde saltaban al verde en Tánger en calidad de campeones de los dos mayores trofeos de fútbol nacionales: la Liga Santander y la Copa del Rey. En calidad de aspirante, un Sevilla que fue vapuleado en la final de este último por la propia escuadra catalana (5-0).

Sin embargo, en pleno inicio de temporada las fuerzas se igualan. Tanto que los pupilos de Pablo Machín se vuelven a España con la sensación de que el trofeo podría haberse ido con ellos perfectamente. El partido comenzaba como suele hacerlo uno de pretemporada: sin ocasiones. Con dominio del balón, eso sí, del Barcelona. Sin embargo, en el minuto 10 saltaban las alarmas en Tánger. Muriel, previo caracoleo en el área, dejaba el balón a Sarabia para que este lo mandara a la red de disparo cruzado. El árbitro anulaba el gol en primera instancia por fuera de juego. Pero esta Supercopa no solo era novedosa por ser a partido único y fuera de España; también por ser la primera en la que se utilizaba el VAR, que acababa dándole el gol al Sevilla.

A partir de entonces, el Barça se volcaba en busca del empate, pero el Sevilla se defendía muy bien. Y cuando los culés conseguían superar a la defensa sevillista, aparecía el guardameta Vaclik. Además, el Barça se encontraba sin ideas. Tanto que para empatar necesitó del balón parado. En el minuto 41, falta de Messi al palo y Piqué recogía el rechace para poner el 1-1 y evitar que su equipo se marchara al túnel de vestuarios por debajo en el marcador.

La segunda parte comenzaba como la primera. Con un Barcelona dominador pero sin ideas y un Sevilla peligroso al contraataque. Sin embargo, en medio del apagón «culé» se vislumbraba una pequeña luz. Dembelé, que amenazaba con convertirse en uno de los fichajes más decepcionantes de la historia, parece haber recibido alas después de proclamarse campeón del Mundial con Francia. Probablemente el más activo del partido, suyo fue el golazo en el minuto 78 que hacía campeón a su equipo. Remate desde fuera del área que entraba tras golpear en el larguero.

Sin embargo, el Sevilla, haciendo honor a su himno no se rindió. Y en el minuto 89 forzaba un penalti que podía valer una prórroga. Lo cometía Ter Stegen al derribar a un Aleix Vidal que hace dos semanas todavía era jugador del Barcelona. Cosas del destino. Sin embargo, el destino también quiso que Ter Stegen adivinara las intenciones del lanzador Ben Yedder, parando el penalti y permitiendo que Messi levantara el trofeo minutos después. Además de la imagen de Messi levantando el trofeo, el partido también nos dejó los primeros minutos de Arturo Vidal como jugador «culé». Un fichaje que promete. El juego del Barça, por el momento, no tanto. Aunque lo suficiente para ser «supercampeones» de España.

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