Alba Moreno 18 noviembre, 2018

Periodista, presentadora de informativos, columnista, escritora, ganadora del Premio Primavera 2017. Carme Chaparro acude tranquila y transparente a la entrevista concertada con InfoDiario.es. Su cuerpo y las facciones de su cara transmiten energía, a pesar de las horas de sueño acumulado por la presentación de la gala de los premios ‘Yo Dona’ de la noche anterior. Carme, sonriente, nos atiende en un cuarto pequeño y frío de Mediaset, eso sí, afectada por una tortícolis que le impide mirar alrededor.

«Llegué a pensar que era gafe por llamar al dolor o sentirlo»

«Preguntadme lo que queráis». Así comienza el diálogo, con soltura, hablando se sus novelas (No soy un monstruo, La química del odio). Habla de miedos, como a la muerte o al fracaso, sensaciones que transmite perfectamente en ambos libros. «Para ser honestos con el lector, para que le lleguen los sentimientos, tienes que ser honesto contigo mismo», afirma. Claramente, explica que para transmitir, el escritor tiene que haber sentido las cosas primero: «el peor miedo que puedes tener es que le pase algo a tus hijas, que sufran, que incluso tengan un accidente o desaparezcan». Pero ¿cómo puede meterse en ese dolor? La presentadora de informativos Cuatro confiesa que «imaginándome esas cosas, sufriendo y llorando mucho, logré transmitir ese dolor, esa ansiedad, esa angustia que pueden sufrir los padres». Tanto dolor, sin embargo, no trae nada bueno. De hecho, afirma que «llegué a pensar que era gafe por llamar al dolor o sentirlo», y tuvo que parar de escribir.

«No quiero ser igual que un hombre, ni quiero que los hombres sean iguales a mí«

«Uno no nace feminista». Surgió el tema, el feminismo. ¿Qué es el feminismo? ¿Acaso hay una definición exacta? Claramente no. Pero Carme lo intenta. ¿Qué es ser feminista? Para ella, es entender la diversidad para aportar cosas diferentes a la sociedad, con distintos puntos de vista, pero lo más importante: con las mismas oportunidades. Y lo deja bastante claro: «yo no soy como un hombre ni físicamente, ni hormonalmente. No somos iguales. No quiero ser igual que un hombre, ni quiero que los hombres sean iguales a mí«. Y remarca, justo después, que las mujeres seguimos teniendo una mochila invisible. Pone de ejemplo a la que considera su amiga, Isabel Coixet, que en la noche anterior, durante la gala de los premios ‘Yo Dona’, dijo que «todo empieza en las pequeñas cosas, y las pequeñas cosas son que los tíos también cambien el papel del váter». Y asiente con la cabeza, diciendo que «todo empieza con las pequeñas cosas de casa», que «tú no me ayudas como hombre, tú compartes conmigo».

Reconoce, emocionada, que descubrió el feminismo de manera muy brusca, «yendo a hablar con mujeres que estaban escondidas en casa de acogidas con sus hijos porque corrían un riesgo extremo de que sus maridos las mataran». Sobre todo, declara conmocionada que, «una vez que ves el mundo desde las garras del patriarcado, ya no hay vuelta atrás. Ahí empiezas a descubrir las pequeñas cosas del día a día»,

Pero ¿qué podemos hacer nosotras para cambiar lo que se ha implantado en la sociedad desde hace siglos? Ella ya intenta cambiarlo, aporta su mediatización, su fama, su conocimiento para corregirlo. Y lo hace desde el lenguaje: «cuido mucho el lenguaje, cómo cuento las cosas, qué cuento. Una mujer no muere, no, ha sido asesinada por su marido». Y, curiosamente, comenta que, «pretendo erradicar el insulto «hijo de puta» de mi vocabulario, de mis novelas. Ese insulto significa que solo te puedo insultar por lo que es tu madre».

Un problema por resolver

Y no solo eso, desde hace años, la columnista de Yo Dona colabora con APRAMP (Asociación para la Prevención Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), la mayor organización contra la trata existente en España. «Quería pasar a la acción. Los números de trata dicen que España es el tercer país del mundo en turismo sexual, que el 90% de las mujeres prostituidas son víctimas de esa trata, que son engañadas en África y países del Este. Queríamos hacer algo y APRAMP tiene un pequeño taller de costura en el centro de Madrid» Así es, dan trabajo a las mujeres que han sufrido explotación sexual, ellas tejen bolsos. Afirma, con brillo en los ojos, que «ver cómo se emocionan cosiendo un bolso, al ver el bolso en las revistas y escribiendo su firma en las tarjetas que llevan los bolsos de agradecimiento, eso es para mí la felicidad».

«Tenemos que dejar de criticarnos, tenemos que creer las unas a las otras»

Sobre todo, es muy insistente, muy persistente en una premisa. No se critica a otras mujeres. No. «Nos tenemos que ayudar las unas a las otras. No nos puede dar vergüenza tejer redes. Tenemos que dejar de criticarnos, tenemos que creer las unas a las otras, tenemos que tejer redes entre nosotras para ayudarnos», dice, tranquila pero angustiada, con un dolor y una fuerza que resuena en su mirada.

«No he tenido que romper ningún techo de cristal». Sorprendente, pero cierto. Sin embargo, comenta asustada que «quizá viene ahora». Su edad se va acercando a los cincuenta y asume que ella entró en televisión relevando a otras mujeres que, de repente, desaparecieron de la pantalla cuando llegaron a esa edad. Y remarca, con los puños en la mesa, golpeando con fuerza, que «ellos siguen ahí: Matías Prats, Pedro Piqueras… Quizá mi gran prueba de fuego viene ahora, a ver lo que duro».

 

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