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A vueltas con la terapia cognitivo conductual: ¿se conocen sus beneficios?

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qué es la terapia cognitivo conductual

La Terapia Cognitivo – Conductual (TCC) no deja de ser un enfoque psicoterapéutico basado en la idea de que los pensamientos y conductas influyen, de forma directa, en nuestras emociones y experiencias. En el fondo, se basa en la creencia de que los patrones de pensamiento y comportamiento que hacen daño que, como comentan sus profesionales, son disfuncionales, se pueden modificar.

“Sobre todo en el inicio del tratamiento es clave trabajar en conjunto con el cliente e identificar cuáles son los problemas específicos, comprender sus causas y desarrollar una estrategia para esa situación concreta”, explica Elisabeth Rigo Andrews, una de las referentes en este campo de la terapia cognitivo-conductual en Palma De Mallorca que recibe pacientes no solo nacionales sino internacionales en su consulta.

En primer lugar, es necesario identificar cuáles son esos pensamientos automáticos que derivan en emociones negativas. “Por norma general, suelen ser subyacentes y distorsiones y es necesario trabajarlos mediante técnicas de reevaluación de evidencia o buscar la forma de que se puedan reemplazar por pensamientos más equilibrados”, comenta.

De hecho, una de las claves está en la implicación del paciente que debe involucrarse en las estrategias y las prácticas que se vayan proponiendo en las sesiones que no dejan de ser técnicas que serán útiles para toda la vida.

¿Quiénes optan por la terapia cognitivo conductual?

En mayor grado, son quienes sufren de trastornos de ansiedad los que buscan salir de un ciclo que les perjudica y les proporciona momentos de pánico, fobia social o incluso TOC.

No hay que descartar tampoco su utilidad en aquellas personas diagnosticadas con depresión ya que, los cambios de patrón de pensamiento, permiten afrontar nuevas habilidades que benefician también el estado de ánimo.

Se ha demostrado que también es muy efectiva para quienes padecen trastornos alimentarios o problemas de estrés, que suelen ir ligados y que acaban sumando también la ira y las adicciones como efectos colaterales de estas dolencias.

“Es también muy efectivo para los trastornos del sueño. La noche es para muchas personas un verdadero problema porque es cuando más escuchan esos pensamientos que les paralizan en la quietud y silencio de la madrugada”, concluye.

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