Ignacio García Aguilar 12 noviembre, 2018

A las once de la mañana del pasado domingo 11 de noviembre sonaron en París once campanadas con motivo de los 100 años del final de la Gran Guerra en 1918.

Ayer se convocó en París un acto internacional de conmemoración en el que se reunieron alrededor de 80 mandatarios mundiales. Con una recepción previa en el Palacio Elíseo, sede del Gobierno francés, más tarde los líderes se dirigieron hacia el corazón de la capital francesa. La ceremonia tuvo lugar frente al Arco del Triunfo, estuvo presidida por Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa; y contó con la presencia destacada de Angela Merkel, Donald Trump y Vladimir Putin, entre otros.

En representación de España acudieron Felipe VI y Pedro Sánchez, que apuntaba en Twitter que se debía aprender de los “errores del pasado para construir un futuro en paz”. A su vez, el presidente del Gobierno español escribía: “juntos, reivindicamos hoy en París la memoria para defender, frente a  los fanatismos, los principios que inspiran la paz”. La Unión Europea aprovechó la fecha para recordar a los europeos que “hemos sembrado juntos las semillas de la paz. La paz es algo precioso. Nunca hay que darla por sentada”.

En su discurso, Macron centró sus palabras en los nacionalismos incipientes: “recordemos, no olvidemos, porque el recuerdo de estos sacrificios nos lleva a ser dignos, por aquellos que murieron en nuestro nombre, para que podamos vivir libres. Su patriotismo es lo contrario del nacionalismo. Poniendo siempre delante nuestros intereses, sin preocuparnos del resto del mundo, despojamos a la nación de lo más importante, de sus valores morales”.

Foch y el resto de mandatarios tras la firma del armisticio en el bosque de Compiègne, 11 de noviembre de 1918.

A pesar del férreo despliegue de medidas de seguridad, no se pudo impedir que dos activistas del grupo femen saltasen las barreras de seguridad. Con el pecho desnudo y escrita la palabra “hipocresía” en él, se acercaron a la limusina negra de Trump.

100 años han pasado de aquella madrugada del 11 de noviembre de 1918 en la que dos trenes cruzaban la población francesa de Compiègne, devastada por las bombas, para parar en medio de un bosque. En dicha localización el comandante supremo de los aliados, el francés Ferdinand Fosch, y ocho hombres más firmaron a las 5:20 el fin de las hostilidades y la desmilitarización de los territorios ocupados por las tropas alemanas, que se haría efectiva seis horas después.

Con el Armisticio de Compiègne se sellaba la derrota del Imperio Alemán y se ponía fin a la mayor guerra que había conocido el mundo hasta el momento. La contienda enfrentó a la Triple Entente, conformada por la República Francesa, Reino Unido y el Imperio ruso; y a la Triple Alianza que incluía al Imperio Alemán, el austrohúngaro y a Italia, esta última se cambiaría a la Entente en mitad de la contienda.

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