Brian Bujalance 8 agosto, 2018

Los días clave para visualizar el choque de los meteoros de las perseidas contra la atmósfera de la Tierra están muy cerca. Las llamadas Lágrimas de San Lorenzo, que reciben este nombre por su cercanía al día 10, día de este santo mártir, tendrán su mayor esplendor en la noche del 12 al 13 de agosto. El fin de semana será cuando estén más cerca y haya mayor nitidez. Desde las 22:00 horas del domingo a las 10:00 horas del lunes podrán alcanzarse hasta 200 meteoros por hora con una velocidad de 50 kilómetros por segundo.

El Observatorio Astronómico Nacional (OAN) expresa que esa fecha será la mejor porque, además de ser el día de mayor actividad, la «casi coincidencia» del máximo con la luna nueva que se crea el 11 de de agosto, «garantizarán un cielo oscuro durante toda la noche». Por ese motivo, califican este año como «excelente» para observar las perseidas.

Las comúnmente denominadas estrellas fugaces comenzaron a verse el pasado 17 de julio y finalizará el 24 de agosto. Pero ¿por qué se ven tantas durante los dos meses de verano?

EL MOTIVO DE LA LLUVIA DE METEOROS

Cada año a principios de agosto nuestro planeta cruza la órbita del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tiene un período de 133 años y que pasó cerca del Sol por última vez en 1992. Esta órbita está llena de partículas pequeñas, como granos de arena o menores, que han sido liberadas por el cometa en sus pasos anteriores. Cuando una de estas partículas, que formaron en su día la cola del cometa, entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, la fricción la calienta hasta vaporizarla a gran altura.

La correspondiente lluvia de meteoros parece tener un único centro de origen, un punto del que parecen surgir todas las estrellas fugaces. Ese punto se denomina «radiante» y su localización se utiliza para nombrar a la lluvia de estrellas. Así pues, las perseidas tienen su radiante en la constelación de Perseo.

CONSEJOS PARA DISFRUTAR

Las principales recomendaciones son contemplarlas desde un sitio donde haya poca o nula presencia de luz; tener poco obstáculos a la vista como edificios, árboles y montañas y así tener un cielo abierto. Por último, dirigir la mirada hacia las zonas más oscuras.

 

 

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