Pablo Sánchez Lucientes 6 febrero, 2019

La película Sunset toma lugar en la capital húngara años antes del estallido de la I Guerra Mundial. Y esto se dice porque podemos perdernos durante dos horas y media entre las personalidades de alta alcurnia que abarrotan la pantalla ya que, de ser una película española situada inmediatamente antes del comienzo de nuestra más que fílmicamente trillada Guerra Civil (la última es a la que me refiero, ya se sabe…) este dato no podría pasar desapercibido a la hora de juzgarla y percibirla. Nosotros sabemos enmarcar el humor satírico de La Vaquilla, los húngaros también saben reconocer el resentimiento por la larga sombra bajo la que, la otra gran capital del Imperio Austro-Húngaro, escondía la bella y tumultuosa ciudad en la que disfruto de mi beca Erasmus.

Cartel de la película Sunset.

La razón principal del posible extravío por la laberíntica amalgama de datos y referencias históricas de la película es la histeria que se apodera del film cuando seguimos a su protagonista soplándole en la nuca cámara al hombro, con primeros planos de su cara cada vez que ésta se da la vuelta y todo ciudadano que entra en plano corriendo de un lado para otro por calles abarrotadas. He leído en artículos de críticos de verdad que el estilo y los recursos que László Nemes utiliza en este film son refritos de su oscarizada El Hijo de Saúl. Yo no tengo ni idea, no la he visto, pero estoy seguro de que alguien que lo haya hecho podrá identificarlos en Sunset ya que conforman una narrativa caótica y estimulante para el espectador, no sé si por dos horas y media para todo el mundo pero sí al menos para mí.

La historia y sus detalles se van desvelando de manera confusa, en ocasiones incluso con la cámara desenfocada, esto ayuda a un cierto placer paranoico que refuerza (o no) el interés por saber qué coño es lo que está pasando. Su verdadero punto fuerte no se apoya sobre su confusa y dudosamente motivada protagonista (Juli Jakab) sino en la superposición de su trama familiar junto con la rabia contenida que, en segundo plano formal, corre por las esquinas de cada calle y configura el verdadero mensaje histórico del film. El simbolismo es la gota que colma el vaso de la perfección formal de esta obra, el lenguaje que se lleva a cabo en torno a la dialéctica de los sombreros y pies descalzos junto con la reiteración de los tándem luz-oscuridad, masculinidad-feminidad arroja nuevas lecturas que invitan a la reflexión en un más que posible segundo visionado por parte de este servidor.

Es difícil para mí discernir la calidad narrativa de la obra sin nociones básicas sobre el momento histórico y social de Budapest a principios del siglo XX. En cualquier caso, Sunset (traducida en España como «Atardecer») posee un aura enigmática de gran calibre y un apartado técnico soberbio: no solo cuenta con un desfile de vestuario bellamente acurado a la época (ya sólo faltaba en una película sobre sombreros caros) sino que también tiene el orgullo de haber desarrollado una ambientación de principio de siglo realmente impactante que merece nuestro tiempo y dinero, en especial por parte de los que hemos tenido la suerte de visitar esta hermosa ciudad en la actualidad.

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