Juan Diego Pérez Gómez 27 diciembre, 2018

El conjunto nerazzurri debe de cerrar las puertas del Giusseppe Meazza en sus dos próximas jornadas, además de una tercera de cierre parcial del fondo que alberga a sus tifosi. El motivo: racismo. Además, una pelea de ultras acaba con un fallecido.

Una vez más el racismo invade al mundo del fútbol, esta vez le ha tocado a Kalidou Koulibaly, jugador del Nápoles, francés de origen senegalés. El fin de año italiano futbolísticamente hablando no podría haber acabado de peor manera.

El encuentro que enfrentaba al Inter de Milan contra el Nápoles en San Siro ya comenzaba caldeado. En la previa del partido se produjo una batalla entre ultras de ambos equipos (a los que se unieron los del Varese y el Niza) que se saldó con cuatro heridos por arma blanca y un atropello del que hoy se ha confirmado su trágico desenlace, el fallecimiento del un hombre.

Durante el partido, la afición interista no dejó de emitir cánticos contra la hinchada visitante así como insultos racistas contra uno de los jugadores napolitanos, Koulibaly. Ancelotti salió en defensa de su jugador e insistió en suspender el partido hasta en tres ocasiones, tal y como lo concibe el reglamento, pero el colegiado no estimó oportuna su petición. Al final, acabaron perdiendo y con el futbolista expulsado por doble amarilla, la segunda tras aplaudir irónicamente al árbitro.

Así pues, los dos próximos partidos que tenga el Inter que jugar en casa, contra el Benevento en copa y contra el Sassuolo en liga, serán a puerta cerrada. Además, el sector donde se ubican los ultras también permanecerá cerrado en un tercer partido, que se cumplirá contra el Bologna a principios de febrero. Con lo cual, San Siro no se podrá llenar hasta entrado ya el año, el día 17 de febrero contra la Sampdoria, cuando dejará de cumplir sanción.

Incluso rondó la idea de suspender la liga italiana por la muerte del hincha por atropello, aunque rápidamente se ha desechado tras justificar que el fútbol debe permanecer para los verdaderos aficionados. Este ha sido un hecho criticado, al entender que el fútbol prevalece sobre la muerte de una persona, tal y como pasó en España con la muerte de Jimmy en una reyerta entre el Frente Atlético y los Riazor Blues, cuyo caso ha sido cerrado recientemente sin encontrar culpable alguno y sin que ni siquiera se suspendiese el partido posterior al asesinato.

El racismo es uno de los actos más deleznables en el mundo del deporte actual y con estas sanciones lo intenta demostrar la Federación Italiana de Fútbol. Grabiele Gravina, su nuevo presidente, se ha tenido que enfrentar a la primera crisis cuando recién acaba de cumplir dos meses de mandato, y el fútbol italiano cierra un 2018 desastroso. Primero por no haber conseguido la clasificación para el Mundial de Rusia y ahora con un escándalo racista, además de la muerte de un ultra en los aledaños del estadio previa a un encuentro de su Serie A.

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