Pequeño niño, lloramos tu muerte, nos destroza el dolor de tus padres, nos desesperanza tu partida tan rápida, tan imprevista, tan absurda, tan incomprensible y tan sorpresiva. Por un pozo, ilegal y escondido, abierto, descaradamente ilegal como tantos que se multiplican por la geografía de España sin que nadie los mire o los denuncie; por un pozo, pequeño niño, caíste y moriste sepultado fuera de toda lógica, ante el desespero y desconsuelo de tus padres que antes perdieron a tus hermanos y ahora, tristemente, a tí, niño pequeño, al que lloramos tu muerte y tu partida tan rápida y tan callando. Tan inesperada como inexplicable. Pequeño niño, lloramos tu muerte y nos unimos a tus padres y a tus abuelos y familiares. Nos unimos a todos y lloramos con todos.

No sé yo si el tiempo hará que en nosotros, que estamos en esta otra parte, se olvide el fatídico e injusto desenlace de tu vida tan prematura. No sé yo si, a partir de ahora, los pozos ilegales, los construidos a espaldas de la legalidad y con nocturnidad delictiva, dejarán de existir y de construirse. Si hemos tomado conciencia… No lo sé. Tus padres, tu familia, sí que no lo olvidarán: que un ansia de tenerlo todo a escondidas se ha cobrado una vida inocente y, como nadie escarmienta en carne ajena, la frustración tantas veces comentada posiblemente no dé un paso en positivo ante semejante barbaridad cruel de los pozos ilegales. Así somos los hombres, pequeño Julen.

Has despertado una solidaridad y conmoción sin límites en España y el mundo entero: has conseguido que toda la sociedad muestre su verdadera cara de solidaridad y humanidad y, encima, que estemos unidos. Deberá y debería ser la lección para muchos que no alcanzan al diálogo y a la unidad. Has entrado en nuestras casas y en nuestras vidas y te las has ganado. No te hemos conocido, ni te hemos visto reír ni jugar, pero nos has ganado, pequeño Julen, precioso Julen, angelical Julen que moriste en un pozo. Tu muerte es también nuestra muerte porque cada vez que se vuelva a construir un pozo ilegal, mientras sigan existiendo y no siendo perseguidos, una parte de nosotros también habrá muerto como tú, pequeño Julen. En una parte, nos hacemos corresponsables de ello. Tenemos que tomar conciencia.

Les toca a tus padres vivir el dolor que jamás podrá ser curado ni mitigado. Jamás habrá un bálsamo eficaz que cure una herida tan profunda, ni tan siquiera el tiempo, ni tan siquiera nuestro cariño…

Te has ido para siempre y tu mirada queda dibujada cada noche estrellada en el cielo, en cada sonrisa, en cada beso, en cada niño. Y también en cada pozo, en cada cobarde y traicionero pozo ilegalmente construido. Y en Totolán, y en el Palo, y en Málaga, y en Andalucía, y en España, y en el mundo entero… también en un corazón minero, valiente, decidido, entregado, generoso y valiente. En el de cada bombero, cada Guardia Civil, cada médico, cada miembro de Protección Civil, de cada humano.

Descansa en paz, pequeño Julen. Que tu muerte, tan rápida e inesperada, tan temprano, acabe con los pozos, acabe con los nauseabundos pozos ilegales. Y, por fin, hayamos aprendido.

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