Home AMOR Y SEXO El videoclip que define una generación desencantada con el «amor romántico»

El videoclip que define una generación desencantada con el «amor romántico»

Analizamos el videoclip y la canción de 'Mad at Disney', el tema debut de la emergente artista Salem Ilese sobre la destrucción del amor romántico.

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mad at disney salem ilese
Ilustración: @Disneyprince

Vivimos en 2020. Igual que en el siglo XIX la sociedad mató a Dios (metafóticamente) -según Niestzche- este siglo ha acabado con el romanticismo. Las nuevas generaciones ya no buscan relaciones estables y duraderas, ya no se busca el príncipe azul y eso del amor verdadero parece cosa de la Edad Media. Desde la infancia factorías como Disney nos han metido en vena el cuento del príncipe azul, y si eres mujer todavía más. Crecemos con unas expectativas románticas que desaprendemos la primera vez que nos rompen el corazón. Precisamente de esto habla Salem Ilese en su canción «Mad at Disney», de la imposibilidad de creer en esas historias fantásticas que nos contaron de niños. Analizamos cómo el videoclip  representa a toda esta generación de jóvenes de más de veinte que sufre desencanto con el amor romántico por culpa de Disney.

Falsas promesas de Disney

Toda la estética de «Mad at Disney» de Salem Ilese hace referencia a los cuentos de princesas que hemos vistos todos desde pequeños. La primera escena que vemos del videoclip se trata del característico castillo de Cenicienta con la música introductoria que tienen todas las películas de princesas Disney. Esto se ve interrumpido cuando entra el título de la canción, dando a entender que no se trata de otro cuento romántico más. Mediante un zoom óptico se da paso a los adentros de la torre del alcázar, donde vemos a Salem Ilese vestida de Rapunzzel.

Pero la artista no pretende idealizar la escena, sino todo lo contrario, satiriza sobre el absurdo de una industria que nos ha manipulado desde niños. Las primeras líneas de la canción hablan de lo mucho que está «enfadada» con Disney por mentirle desde siempre y hacerle desear «estrellas fugaces», es decir pensar en amores imposibles de realizarse. Esta búsqueda pasiva del príncipe azul que siempre nos han transmitido las películas de Disney.

El amor de «Felices para siempre» no es para siempre y termina de la peor de las maneras, lo que deja una sensación de «desencanto» con el amor romántico. Como si hubiera un hechizo de una bruja maligna y se hubiera roto. Permite ver la realidad sin estar alienado, pero el mundo real es una mierda (bullshit en inglés).

Existencialismo de los veinte

Este desencanto por los estereotipos que Disney nos ha impuesto llevan al existencialismo más introspectivo. Salem habla de que ya tiene más de veinte y no sabe qué pensar ni qué decir, solo sabe que no sabe nada una forma socrática típica del existencialismo juvenil.

Los marcados estereotipos, las expectativas románticas y la sensación de desencanto han hecho que choque contra una realidad para la que no estaba preparada. Esto le hace romper contra todo lo que creía hasta ahora, y no sabe nada de la vida porque tenía una idea muy distinta de lo que sería.

«Tengo veintialgo y aun no sé nada»

Después de cuestionarse todo lo que Disney le ha dicho que era, da paso a negar cualquier tipo de amor.  «Llámame pesimista, pero no creo en ello» nace de la desilusión y del proceso de deconstrucción. Salem Ilese habla en una entrevista para Genius sobre que ella escribió esta canción el año pasado junto a su novio, pero que nunca se ha sentido identificada con los estereotipos del amor. De hecho, tal y como canta en el estribillo «¿qué diablos es el amor?» y «¿cómo se siente?», todavía no tiene una definición del amor. Solo sabe que ella no encaja en esos estereotipos de género y que está muy alejada de los ideales Disney.

Amor líquido

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El sentimiento de desencanto y el posterior escepticismo llevan a querer tener relaciones muy superficiales sin atarse a nada ni a nadie. En su canción, la cantante también hace referencia de una forma indirecta a la fugacidad de las relaciones personales. Actualmente esta parece ser la única manera de relacionarse  porque no queremos comprometernos con nadie. Pero esto, pese a ser la moda impuesta del siglo XXI, no es más que una manera inmadura de no querer arriesgarse por miedo al dolor.

Zygmunt Bauman habla en su libro de este fenómeno sociológico llamado «amor líquido», una consecuencia del consumo instantáneo del placer. En la sociedad globalizada y desinhibida del siglo XXI, parece que el acceso al sexo es cada vez más fácil. La destrucción de los tópicos judeocristianos impuestos durante siglos ha llegado a su fin y las parejas cada vez duran menos.

El que no haga falta casarse para poder disfrutar del sexo es un punto a favor para las nuevas generaciones, pero existe una tendencia al alza hacia todo lo contrario. Tener relaciones absurdas, sin sentido y deshumanizadas que están acabando con la intimidad de las personas. Así, se busca la satisfacción de una necesidad momentánea que no perdura en el tiempo.

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La cantante ejemplifica este tipo de relaciones fugaces cuando hace referencia a que el «príncipe azul» ahora no le despierta a Bella Durmiente y se desposa con ella, sino que la lleva «a un motel en su caballo blanco». Es decir, tienen sexo de una noche y cuando esta se acaba nunca más vuelven a saber el uno del otro. Lo que se retroalimenta  con la sensación de desencanto con el amor romántico otra vez.

«Los cuentos de hadas acaban en un mal divorcio»

Sí, Ross Geller no es la única persona en el planeta que se divorcia (¡tres veces!) ya que actualmente más de la mitad de las bodas acaba en divorcio. En los últimos 20 años ha habido un retroceso en las peticiones de matrimonio, sustituyéndose por un aumento de los divorcios cada vez más acelerado.

El descenso de los matrimonios se produce por varios factores. De entre ellos, el desencanto con el amor romántico también ha tenido un papel fundamental. Y es que las parejas -los que se deciden a tener algo estable- no ven necesaria la unión matrimonial para poner a prueba su amor.

Por otra parte, vemos como muchas de esas bodas de «princesas» acaban a los pocos años con un divorcio insufrible. El proceso judicial al que se enfrentan los matrimonios por el reparto de bienes puede llegar a ser un infierno. De manera que es difícil encontrase con personas que se hayan casado y no estén actualmente separadas. Como es el caso de la cantante Miley Cyrus, que estuvo diez años con su pareja y se divorció de él a los ocho meses de matrimonio.

En una época difícil para las relaciones personales, el amor y las bodas, ¿queda alguna esperanza para los románticos? No, según la artista californiana.

Puedes ver la letra de «Mad at Disney» de Salem Ilese en el video oficial aquí

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