Inicio CULTURA CINE En defensa de ‘Roma’ (y en detrimento de ‘Bohemian Rhapsody’)

En defensa de ‘Roma’ (y en detrimento de ‘Bohemian Rhapsody’)

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Atisbo una grieta que se abre bajo nuestros pies y nos separa irremediablemente. Hay que decirlo, no es una sensación que tenga exclusivamente con el cine, sino más bien algo que tiene que ver con la expresión a veces personal, a veces plural y otras tantas ideológica que constituye el arte. Dicho esto, aquí vengo a defender sin acritud la palabra como símbolo de nuestra libertad de expresión, librándola de ataduras pero guiándola hacia la concordia. Sea pues, la mía, una llamada de atención en favor del entendimiento.

No comparto, en todo caso, la autoridad que se pretende erigir contra la opinión especializada, como si el solo ejercicio de opinar fuese una garantía de verdad (crees en tu verdad ¿no?). Argüir que Roma es una aburridísima patraña repleta de bonitas imágenes puede funcionar como descripción de una experiencia personal, pero tomar la sola expresión como una fuerza que lo eleva a uno por encima de la opinión de los críticos profesionales es un acto de cinismo nada encomiable; sobre todo cuando, además, se sostienen débiles argumentos del tipo “no pasa nada en toda la película” o “hay muchas escenas que no contribuyen a la trama”.

Entender cine no es un acto pasivo ni tiene que estar reducido a un ansiado escape de la vida cotidiana. Creer que es así y considerar Bohemian Rhapsody como la película del año demuestra la corta mirada de un público que desde hace ya mucho tiempo la tiene viciada (la mirada, digo). Me siento en mi butaca para ver a Freddie con doblada voz de subnormal y me como un nada intencionado tráiler del nuevo biopic que se estrena próximamente sobre la figura de Elton John, dirigido (cómo no) por la persona que terminó el inacabado trabajo del pedófilo que estaba a cargo de la historia de Queen. Para mí, en ese momento, se descubrió el pastel de la nula intención artística al tiempo que aparecía la ley del dinero y el edulcorado espectáculo de masas. Pero no nos pongamos nerviosos, la intención no lo es todo, veamos la película. Espectacularmente convencional, todo sea dicho, lo que más resalta es la música que un grupo compuso hace décadas, en contraste con un desarrollo obvio y banal que no concuerda con la grandeza del extraordinario líder de la extraordinaria banda a la que pretenden retratar. Aquí comienza el problema. Se acusa a los críticos de esnobs, de pedir un drama existencial y de no representar de ningún modo la verdadera esencia de las películas que el grueso de la población sí va a ver a las salas. ¿Es eso cierto?

Mientras tanto, la aburridísima Roma es presa de la realidad: a nadie le interesa (admitámoslo) la historia invisible del otro. Sin necesidad de servirse de un letrero introductorio o final que sí se ve obligado a utilizar Bohemian Rhapsody, Cuarón es capaz de narrar simultáneamente la ninguneada historia del marginado, la situación histórica de su país y los recuerdos de una niñez que no es sino la suya. No hay escena que no exprese algo o añada capas a la psicología y la vida de sus personajes. Creer que hay algo más allá de lo que Roma muestra es estúpido, y considerar aburrido su desarrollo demuestra una desconexión enorme no solo con la capacidad de empatizar de cada cual, sino también con el cine. Si no la soportas no sé que tipo de películas aspiras a ver. Porque cine hay de muchos y variados tipos, y Roma es (como se acostumbra a decir) mucho más convencional que una película de Godard.

Esta distinción se sustenta sobre el presupuesto sumamente idiota de que existe una separación entre el arte “intelectual” y el arte “convencional”, así como sobre la idea de que todos, cuando miramos, lo hacemos de la misma forma. Yo no soy capaz de apreciar el arte de Miguel Ángel o un ballet y, sin embargo, me encanta American Pie; pero también me es mil veces más fácil leer un libro de Dostoyevski que entender una película de Marvel atendiendo a todos sus personajes y subtramas ¿Qué es, pues, lo realmente complicado de consumir? La mierda y la farsa siguen siendo basura donde quiera que se las exhiba. Hay que superar de una vez este prejuicio y abrirnos a todo tipo de arte, a intentar comprender todo lo que nos rodea y, así, poder elegir mejor en qué gastar nuestro dinero sin que nadie guíe la dirección de nuestra cartera. Consumimos, creo yo, lo que nos instan a, y no lo que realmente queremos.

Aquí nadie duda de que te aburriste con Roma y de que tu opinión es (¿cómo se dice?) “válida”. Pero, porfavor, hablemos hasta donde nuestro conocimiento llega sin tomar por imbécil a la gente que, presumiblemente, sabe del tema. Denostando con tono de superioridad el juicio de la crítica y los académicos solo se ridiculiza la mirada más preparada del otro. Y, en ese caso, ¿quién sostiene una concepción elitista?

Adéntrate en el cine y ama Bohemian Rhapsody por la película de masas que es sin necesidad de dar explicaciones a nadie. A veces las películas grandes como Forest Gump o Regreso al futuro son las que hacen avanzar el arte cinematográfico; a veces son las mierdas que tú tildas de basura pseudointelectual. Supera ya que muchas veces no vas a estar de acuerdo ni con la masa, ni con la élite ni, en ocasiones, contigo mismo. Yo tengo que vivir en un mundo en el que Rupi Kaur vende millones de libros y los críticos lapidan películas que tanto me gustan como El teorema cero, High Rise, El consejero o Solo Dios perdona.  Supera ya que no eres el jodido centro del mundo, que tu voz no resuena en el eco de la eternidad, que no eres más listo que los críticos y que discrepar está en nuestro ADN.

Si fuesemos todo simpatía y semejanza seríamos un punto homogéneo en medio del cosmos; pero no lo somos, y un accidente geográfico que amenaza con separarnos todavía más se abre paso bajo nuestros pies. Así que ábrete al cine, no seas cuñao y discrepa conmigo.

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