Alba Moreno 15 mayo, 2019

Diecisiete delegaciones se jugaban hoy el paso a la gran final de Eurovisión del próximo 18 de mayo en Tel Aviv. Solo diez países podían conseguir el billete a la final, y las actuaciones no han dejado indiferente a nadie. Inauguraba el festival una bravísima Netta interpretando por enésima vez su archiconocido Toy, el culpable de que el festival se celebre este año en Israel.

Tamta de Chipre rompió el hielo con un Replay que recuerda mucho a Eleni Foureira, la diva griega que consiguió el segundo puesto el año pasado con ‘Fuego’. Desde luego, los chipriotas han apostado por lo seguro, y les ha salido bien, porque han pasado a la final. Los montenegrinos D-Mol han pasado desapercibidos en un Heaven desordenado y con una puesta en escena demasiado básica. Y aunque el ambiente se calentó con los finlandeses Darude y Sebastian Rejman -bastante parecidos a la propuesta de Polonia en 2018, que también se quedó a las puertas-, no fue suficiente para que los eurofans europeos les confiaran su voto. Porque había una competencia importante.

Tulia y su folcklore estaban pensadas para conquistar Europa. Lo hicieron en todas las PreParties (de hecho, eran las únicas que se escuchaban en las ruedas de prensa), porque su canción era, cuanto menos, curiosa -y pegadiza-. Pero Eurovisión ya no es folcklore, y por eso no han conseguido su billete. Aquí suenan, sobre todo, ritmos urbanos, nuevos, innovadores. Por eso resulta tan contradictorio que Portugal se haya quedado a las puertas de la final, porque su propuesta no podía ser más diferente -eso sí, un rollo muy de Rosalía-, tanto que Europa no supo entenderlo. Los eslovenos Zala y Gasper se presentaron al festival con una canción y una puesta en escena minimalista, que de cierta manera envuelve por las miradas de complicidad y la sencillez que ambos han demostrado transmitir para pasar directamente a la final, aunque es necesario admitir que no pueden ser más aburridos.

Hungría y Georgia (una puesta en escena brutal a lo Juego de Tronos) no han cambiado mucho su formato: cantando, en el caso de Georgia, sobre la eliminación de las fronteras, y en el de Hungría, de su padre. Desde primera hora no estaban muy arriba en las apuestas, y eso se ha visto en los clasificados para la final, porque ninguno de los dos estaban entre los diez elegidos. Un desafinado Victor Crone de Estonia se subía al escenario seguro y en unos tonos por encima de la versión de estudio que no auguraban un pase a la final, pero lo ha conseguido (para sorpresa de muchos). Los checos de Lake Malawi también han conseguido actuar el sábado con ‘Friend of a friend’ en una versión divertidísima, colorida, que hace disfrutar al público y donde se puede apreciar que Albert -el cantante- está pasándoselo bomba.

Zena, la bejamina bielorrusa -solo tiene 16 años- ha hecho arder el pabellón número 2 de la expo de Tel Aviv con ‘Like it’, una canción urbana y sobre todo comercial que gustó desde primera hora y que tiene pase directo para conseguir el micrófono de cristal el próximo sábado. Quien no ha tenido mucha suerte, sin embargo, ha sido Eliot de Bélgica. Aunque su tema era, en principio, uno de los favoritos para entrar en la final e incluso ganar el festival, la puesta en escena no ha convencido al público (solo aparecían tres tambores), y se ha quedado, para sorpresa de muchos, y por desgracia, a las puertas de la final.

A la griega Katerine Duska la acusaron de cantar mal y de que su canción era una obra de estudio que nada tenía que ver en el directo. Pero demostró en la PreParty española, en los ensayos y esta noche que su voz hipnotiza. Con una puesta en escena tan dulce y esa interpretación era casi imposible que Grecia no pasara a la final. La australiana Kate Miller parecía sacada de Frozen y su apuesta por la ausencia de gravedad le ha servido para conquistar al público europeo. La extravagancia de los islandeses Hatari y su Hatrid Mun Sigra ha sido la llave maestra de un premeditado pase directo. Era evidente su presencia en la final porque su actuación es puro espectáculo, y de eso se trata Eurovisión. La sorpresa de la noche, junto a Eslovenia, ha sido San Marino. Serhat ya había representado a San Marino en 2016, pero no pasó la semi. Su canción Say Na Na Na, causó furor al principio, pero no le duró mucho. Las posibilidades de que consiguiera ir a la final eran casi nulas, pero su carisma y sus ganas han conseguido que el público confíe en él.

Durante la emisión de la semifinal se ha emitido un minuto con realización de la actuación que realizará Miki el sábado. También se han proyectado las performances de Bilal Hassani (Francia) y Kobi Marimi (Israel). España no actúa en las semifinales porque, junto con Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, forma parte del Big 5, conformado por los países que acceden directamente a la final por aportar más económicamente a la UER.

 

 

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