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Navidad, la gran estafa

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Porque así la hemos convertido y así la hemos trocado: en una fiesta comercial, de derroche y consumo depravado, desmesurado y hedonista, que olvida su génesis, su referente y su protagonista, el porqué. La Navidad es una estafa, como la de aquellos que asisten a una fiesta sin ser invitados, que desconocen el nombre del anfitrión y solo engullen y beben hasta el desenfreno. Son como los inoportunos invitados al banquete de bodas cuyo traje no es el apropiado y desconocen a los novios y a los padrinos. La Navidad ha olvidado el acontecimiento del nacimiento de Jesús para convertirlo en una celebración de los grandes almacenes que se lucran con el Papá Noel ficticio, ladrón y embustero, que reemplaza la adoración de los Reyes Magos, sus dádivas y sus presentes, para sustituirlos por ofertas y necesidades superfluas, renegando del Niño que recostado en un pesebre, pateará contra el frío al abrigo de su madre bendita y San José, su padre adoptivo.

La Navidad carece de la sensibilidad pueril de los primeros años, del ensimismamiento del Nacimiento, del asombro de los pastores y la noble adoración de unos magos que se postran y ofrecen sus presentes. En la Navidad actual sobra Jesús, se desplaza a Jesús, y se crece en el consumismo despiadado, haciendo de los niños meros espectadores que reciben regalos un día y otro también, sin importarles que, lo verdaderamente importante, lo genuinamente original, era aquella humilde celebración gozosa del nacimiento de un niño que trajo al mundo la paz, el amor y  la confraternidad. Razón no sobra, me viene al recuerdo el anuncio de IKEA, que una familia se siente alrededor de una misma mesa y se desconozcan completamente entretenida en los laberintos de las tecnologías que ya, desde los primeros meses, entretienen a los niños que lloran.

El verdadero acontecimiento de la Navidad es que Jesús viene. Que vino hace más de dos mil años, pero que viene y quiere venir cada corazón humilde abierto a recibir tan buena noticia. Porque la buena noticia está implícita en su mismo nombre, que Jesús salva; ese es el significado de su nombre: Dios salva. ¡Y salva de tantas cosas!. De tantas pobrezas, de tantas soledades, de tantas miserias, de tantas esclavitudes, de tantos engaños. Jesús salva, esa es la gran fiesta, esa es la Navidad. La del Dios que se abaja hasta tu carencia y quiere llenarla rebosadamente. ¡Ese es el verdadero acaecimiento sucedido en la ciudad de Belén! ¡eso es lo que realmente celebramos! ¡No Papá Noel, el estafador! ¡A Jesús!, ¡a Jesús es al que celebramos!

Mañana nacerá él a eso de las doce de la noche. Y en muchos hogares, en muchas familias, no habrá una hoguera que caliente ni apenas un plato de sopa caliente. En otras, el resentimiento y la amargura que se alberga en el corazón más frío impedirán el abrazo tierno del niño y su bendita madre. Y en otras habrán lágrimas, mientras que otros brindarán y beberán y comerán a honor de sepa quién. Sin embargo Dios ha nacido, Dios nace. También lo quiere realizar en tu corazón y en tu alma.

Es lo que os deseo. Feliz Navidad pero de la auténtica, de la que está con Jesús y no contra Jesús.

Y mientras yo cabalgo luchando contra adversidades que son más bien trampas, espero daros el abrazo fraterno que solo tan Feliz anuncio puede realizar.

¡Feliz y santa Nochebuena! ¡Feliz y Santa Navidad! Pero de la verdadera.

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