Emilio Francisco Amo Urbano 2 diciembre, 2018

Se acerca la recolección de la aceituna si es que ya, a estas fechas, no se encuentran los jornaleros inmersos en la recogida del valioso fruto del olivo de cuyo zumo, néctar de dioses y vida prolongada, se obtiene el aceite, fruto bendito de unas manos gastadas en su cuidado, zalameramente trabajado con mucho esfuerzo, dedicación y cariño. El fruto del olivo es el aceite, oro líquido, que se exprime delicadamente y luego disfruta el paladar y agradece el cuerpo por la multitud de sus beneficios. Y, junto a ello, por su lugar estratégico en la denominación de origen de Baena y por el mimo de quienes día tras día trabajan el árbol, el aceite de Nueva Carteya es aceite de calidad, aceite del bueno, ungüento para las heridas, bálsamo para el dolor y exquisitez para el paladar refinado. Ahora que la Navidad está a la puerta, no puede faltar el aceite en la mesa que enriquezca los platos, no puedo faltar si ese aceite es de Nueva Carteya, fácil de adquirir, fácil de disfrutar, fácil de agradecer. El aceite es semilla de inmortalidad y juventud eterna.

Allí donde el olivo es el paisaje es donde se asienta un pueblo trabajador. Trabajador y humilde, que gana su jornal en las gélidas mañanas del invierno donde las manos agrietadas deben zarandear el árbol que después recogerán el fruto caído en el suelo. Al mediodía, el sol mitigará el frío matinal; no es otra cosa que el resultado del empeño gigantesco de unos hombres y mujeres del labriego cuya única recompensa será la perla preciosa que almacenarán después en las cooperativas y almazaras. Justo y necesario, pues, que en Nueva Carteya se levante altanero el monumento al vareador cuya simbiosis con la naturaleza misma de la localidad le constituye en un homenaje, homenaje al que con su sudor gana cuatro perras en los meses escasos de la campaña tostando su faz, bien por el sol, bien por las heladas con las que lidian cada mañana a la primera alborada.

Los mercados no entienden de la brega del jornalero, ni los que con ricos manteles mojan su pan en el aceite fresco y nuevo, posiblemente, adivinen de los precios tan bajos, a veces, que remuneran el líquido precioso de Andalucía. De justicia y buen juicio, redundando, será que cuando en esta fechas no falte ni gloria, quienes puedan, para las Navidades, el aceite de oliva sea el ingrediente imprescindible y, puestos a hacer justicia y gloria, regalo sobresaliente que bien envuelto deleite a quien queramos. ¡Aceite del bueno tenemos en Nueva Carteya, en la denominación de origen de Baena, en el aceite de Andalucía, en el aceite de España!

Que no falten en las mesas navideñas las botellas de aceite ni el pan calentito. Que no falte el aceite ni la salud, el verdor del jugo recién exprimido ni la noche gozosa. Que no falte el brindis, más que al rico champán, con migas de pan empapadas en aceite, señal de báquicas esencias y tradiciones, orgullo de un pueblo, tesoro de sus habitantes.  ¿Y todavía no tienen ustedes aceite de Nueva Carteya?

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