Alba Moreno 26 febrero, 2019

El clima tropical se instaló en Madrid el pasado sábado para abarrotar el Wizink Center de camisas hawaianas y purpurina. Más de siete mil personas sacaron su tarjeta de embarque con destino Isla Morenita. La compañía Papaya Airlines ofreció un viaje ‘galactropical’ a través de las canciones de Carlos Sadness y su banda, que no dejó indiferente a nadie.

Y es que no fue para menos. La galaxia se tintó de morado para recibir a Perseide, la estrella fugaz que introdujo al público en un viaje que recordarán para siempre. La temperatura subía, el clima tropical cada vez era más notorio. Sadness se paseaba por el escenario con una soltura increíble. Es muy paradójico que su apellido artístico sea este cuando es, literalmente, la alegría personificada. Y lo demostró de una manera fantástica -en todos los sentidos de la palabra-, con su ukelele incansable y con una energía que transmitió la fuerza necesaria para aguantar las dos horas y media que duró el viaje.

Las sospechas que levantó el día anterior al vuelo en Instagram con una historia de una chica que cantaba una de sus canciones se hicieron verdaderas cuando Natalia Lacunza salió al escenario. Sencilla, fiel a su estilo, con una firmeza que asombraba, la pamplonica hizo, junto al protagonista de la noche, una versión tremenda de su canción estrella: Amor PapayaUna melodía que habría endulzado hasta al ser más amargo. Llegó la archiconocida Miranda en Te quiero un poco, Hale Boop, Miss Honolulu, Sebastian Bach, Longitud de Onda y un sinfín de canciones que los viajeros cantaron al unísono. El sonido envolvía de una forma tan sistemática que era imposible mantenerse quieto. La set list no pudo ser más acertada. Desde sus temas más antiguos hasta los más conocidos. Hubo de todo, no se escapó ni un solo detalle. Entre gritos, Alfred saltó al escenario con un aire muy tropical, pero es que él es siempre un soplo de aire fresco. ‘No cuentes conmigo’, se titula el tema que compartieron en el escenario, pero dejaron claro, -y lo han hecho más de una vez-, que siempre podrán contar el uno con el otro.

 

Una vez en el destino, dos palmeras de neón alumbraban el escenario, donde Carlos y dos miembros de su banda le acompañaron para tocar Isla Morenita en un tono íntimo, «entre vosotros y yo», simulando estar en una playa. Cantó David Otero -El Pescao-, prácticamente todo estaba relacionado con la temática del concierto. Salieron colchonetas de Havaianas en forma de chancla. Incitado por Sadness, el bajista de la banda salió a surfear en la chancla por el público. Pero, al parecer, había bandera roja y se lo tragó la marea de manos que le habían sujetado hasta entonces.

El concierto parecía haber terminado. Pero faltaba algo. Y el público lo sabía. Lo sabía desde hacía tiempo. Por eso pidieron lo que querían, y lo hicieron cantando a capella Qué electricidad hasta en tres ocasiones. Los músicos volvieron y Carlos comenzó a cantar la canción más aclamada, cuya letra era inconcebiblemente conocida por todos los fans. Y ante eso, Carlos prometió buscarles en Groenlandia, en Perú y en el Tíbet, dedicó una canción a sus gatos (Pochito y Rey Salomón) que ganó a todos -servidora incluida-, y una explosión de confeti acabó con el viaje de vuelta a Madrid.

Eran muchas las expectativas que se concentraron en este viaje único en Madrid. Fue el público más heterogéneo que jamás había visto en un concierto: desde niñas de 15 años hasta personas de más de 50. Sadness, que suele tocar en salas y festivales, llenó por primera vez la pista de un estadio a pesar del «miedo de no completar el aforo» que, según afirmó en pleno concierto, le atormentó desde que su manager le informó de que había reservado el lugar. Pero eso no le impidió lanzarse a la aventura. Es más, el aforo se aumentó por la demanda de entradas, que fue todo un éxito. Aunque, eso sí, sin influencers, que le abandonaron para irse a Milán, según explicó en el concierto refiriéndose a su amiga Dulceida. Si el cantante tiene algo bueno, es que su estilo muy reconocible. Cuando suena la primera nota de la canción sabes que es su música. O le amas o le odias. Y eso solo pasa con los buenos artistas. 

Foto: Twitter Carlos Sadness

1 pensamiento a “Un viaje ‘galactropical’ a Isla Morenita

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