Emilio Francisco Amo Urbano 16 septiembre, 2018

Primero fue Cristina Cifuentes (PP), luego Pablo Casado (PP) aún por demostrar, le sigue la exministra de Sanidad Carmen Montón (PSOE) y, ahora, el lider de Ciudadanos, Albert Rivera, acusa al presidente Pedro Sánchez (PSOE) de también de plagiar en su tesis doctoral.

La palabra “política” deriva del término griego “polis” que significa ciudad. Así, “política” viene del término “politiké techné”que es el arte propio de los ciudadanos como integrantes de una “polis”, arte social, arte de vivir en sociedad, arte de gobernarla. En aquella sociedad, los “filósofos”, los que buscan y poseían la sabiduría, eran, para muchas escuelas, los capacitados para ejercerla y practicarla: solo los sabios eran los verdaderamente capacitados para dirigir los destinos del pueblo.

Hoy nos encontramos con algo parecido, pero totalmente desvirtuado: los “políticos” aspiran al poder utilizando artimañas, y se recubren de títulos que los ilustran para convertir la “politica” en una guerra de casi salvajes, y no en un arte, en un servicio, en una entrega y un juicio. A los políticos de ahora, también como ha ocurrido desde la Antigüedad, les gusta ser lo que no son (Aristóteles definía a los demagogos como “aduladores del pueblo”). El problema no son sus estudios, si éste o el otro son más o menos estudiados. El problema es que mienten, se encubren, se engalanan de expedientes brillantísimos. Dicen ser lo que no son, se les cae la cabeza al suelo, y el cuerpo lo arrastran cuando se descubren normales como la inmensa mayoría de la humanidad que son normales a excepción de algunos que son subnormales.

“Soy un triste payaso, oculto mi fracaso con risas y alegrías” cantaba Bambino (Utrera 1940 – 1999). Aunque el caso no sea el mismo, pero eso es lo que pasa al ser humano: que somos payasos que ocultan no solo sus fracasos como si fuesen deshonras, sino su misma identidad, el pensamiento propio y personal. Nos duele muchas veces ser auténticos porque más no importa, y nos afecta, lo que digan los demás que lo que nosotros mismos pensemos. También, en cierta manera, somos nosotros también payasos, pero no me negarán que los hay con mayúsculas: que son los que se venden, y se ofrecen, y se regalan, y mendigan, y te prometen, y te aseguran para luego, ser tan normales, tan corrientes, como el resto de los seres humanos que los haya, corrientes y más que corrientes…

Desde luego que ejercer la política se ejerce más bien poco. Más fácil es sacarle la porquería al adversario que aunar esfuerzos por el bien de a quienes gobiernan. Antes, con los griegos, era la retórica, ahora son las mentiras y la vanagloria. Queda muy lejos la sensatez por el camino de la falsedad.

Si para ejercer el “poder” sobre el pueblo se accede por la no verdad, por la no autenticidad, vamos mal. Si para vivir nuestra vida, tenemos que vivirla a base de escondrijos y máscaras la cosa no va bien. Si para ser uno mismo es necesario disfrazarse de otro, entonces es que hemos perdido el norte.

En esa no encontramos: en malformadores astutos e interesados de la historia; en charlatanes baratos de baratijas falsas. Y no hay quienes se escape: los vitae son abultados y las promesas electorales que seguirán el curso de quienes las inspiran, con la misma sustancia de quienes vociferan en los mítines de circo.

No lleva la mentira a ningún sitio.

Sé auténtico y serás feliz. Con verdad y dignidad, por favor, con dignidad y verdad.

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