¡Maldito sea el hombre que alza la mano contra la mujer que le dio y es compañera de su vida, que le grita y le vitupera, la desprecia y la menoscaba, la asesina o la desecha descuartizándola tanto física como psíquicamente!. ¡Maldita también la mujer que alza la mano contra el hombre su compañero y complemento, menospreciándolo, humillándolo, destrozándolo! ¡Malditos que usan a sus hijos como monedas de cambios en matrimonios rotos que jamás tienen subsistencia por falta de amor y de respeto!

¡Maldita toda forma de violencia al género que sea, pero mayoritariamente descargada ferozmente contra la mujer autora de vida, esencia de la vida, esplendor de la vida, belleza de la vida!¡Malditos los cobardes que las acosan, que las violan, que las fuerzan, que las drogan, que las manosean, que se mofan, que las miran con miradas lascivas incluso siendo menores!

¡Malditos quienes no agradecen ni aprecian el olor de la comida, la ropa planchada, la casa limpia, la familia cuidada! ¡insensatos porque, aunque se abandere la igualdad en las tareas del hogar, no son en pocos donde solo la mujer, trabajadora y pluriempleada, carga sobre su cansancio el peso del resto de la jornada una veces infravalorada otras, olvida!

¡Malditos quienes no respetan a sus padres, mujer y hombre, hombre y mujer, que les dieron la vida y si quienes su mutua complicidad no hubiese sido posible el milagro; quienes no los cuidan, quienes no los veneran, sino que les roban y le estafan los cuatro reales que ahora tienen por paga y que multiplican inexplicablemente!

¡Maldito el hombre que pone la mano sobre la mujer y también la mujer que la pone sobre el hombre o lo destroza psicológicamente! ¡Maldita la hora en la que hacer ejercicio sea y es un una tarea de heroínas; maldita quienes pagan la nómina más pequeña que la del hombre; maldito quien niega un jornal por ser mujer; maldito quien no respeta, quién no entiende que no es no, maldito quién castiga a su semejante!

¡Malditos sean todos los cobardes, todos los canallas, todos los sinvergüenzas, todos los payasos de feria, todos los parásitos de la sociedad, todas las cucarachas nauseabundas, todos los homínidos masculinos o femeninos que no entienden ni de diferencias ni de semejanzas! ¡malditos quienes no entienden el genio femenino y lo requieren, quienes cierran puertas o niegan su confianza, quienes se sobrepasan con palabras o miradas dirigidas al trasero de la fémina sin importarle incluso que sus ojos y su miradas deberían estar en aquella con la que comparte su vida! ¡maldito quien no sabe compartir su vida con su esposa! ¡más le valdría no haberse casado!

Y como para los romanos lo escrito, escrito estaba, mi maldición quedó escrita, le pese a quien le pese, le guste a quien le guste. Amén.

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