Emilio Francisco Amo Urbano 28 octubre, 2018

Córdoba en mayo verdea, se hace flor y se hace arte. En mayo, Córdoba es la explosión de los geranios y de las rosas, de los claveles y las gardenias, de los lirios y los nardos, de flamenco que es patrimonio y de alegría, mucha alegría y belleza, que es la esencia de la milenaria ciudad que en tiempos de los Omeyas era capital de casi medio mundo islámico. La grandeza de Córdoba, a la que el poeta calificaba “lejana y sola”, se viste de trajes de gitanas y flamenco, de viste de aroma, del olor indescriptible del azahar de los naranjos, del multicolorido de los patios declarados patrimonio inmaterial de la humanidad. Córdoba es patrimonio, Córdoba es cultura, Córdoba es historia. Y vuelve en octubre a verdear Córdoba en la ciudad que no conoce ni el otoño ni la primavera.

Patio del Reloj de la Diputación de Córdoba (Palacio de la Diputación) en el Festival Flora 2018. Foto: Antonio Priego.

Vuelve graciosamente a vestirse de flor, esta vez de forma distinta, con el donaire de esta tierra y su duende para el Festival de Flora, que no es otra cosa que la conjunción del arte con la naturaleza, de la interacción del hombre con la flora, de la belleza con la poesía de los artistas que construyen nuevos paisajes perecederos y que hace, una vez más en el año, que Córdoba sea flor, sea olor, sea realmente hermosa y única. Esta es la Córdoba de Abderramán II, de Abderramán III, de Alaken II, de Ambrosio de Morales, de Averroes y Hasday ibn Shaprut, del Inca Garcilaso de la Vega y Luis de Góngora, de Lucio Anneo Séneca, de Marco Anneo Lucano y Maimónides, de Julio Romero de Torres, Yehuda ben Samuel Helavi y Manolete. La Córdoba que vuelve a vestirse engalanada como una novia, rejuvenecida y tan antigua, en el Festival Internacional de las Flores que se desarrolla del 19 al 28 de octubre. La flor y el aroma desahogan el alma, la alivian y descansa.

Córdoba, cuya acento seseante, “modalidad lingüística andaluza” como reseña el Estatuto de Autonomía de Andalucía, español en una palabra que no es ni bien ni mal pronunciado, correcto si su sintaxis es correcta le pese a quienes duermen en el limbo de la necedad y lo absurdo. En Córdoba el seseo es una marca registrada, propia, digna de orgullo para una ciudad que ha dado tanto. Sesear es para mí mi identidad porque soy de Córdoba. Sesear y pronunciar en andaluz es enarbolar el lugar donde nací y dónde crecí; sesear es, en definitiva, que el aire huela a flores y las flores al mimo y cuidado de unas manos santas y benditas.  No me avergüenzo yo, que no lo hago, de mi acento ni de mi tierra, de mis flores y de mi Córdoba.

Con un abrumador número de visitantes cerraremos hoy el Festival Internacional de las Flores. Si son de aquí y todavía no lo han visitado, háganlo. Si no, sed bienvenidos en mayo, para los patios, o para la Feria o para lo que les apetezca, para la próxima edición o para el día que necesiten el sonido de los versos que hacen de Córdoba la ciudad abierta, culta, avanzada y antigua de una España rica no solo por su unicidad, sino también por la pluralidad de caracteres que, lejos de separarnos, nos hacen más ricos, más plenos, más nosotros. ¡Viva Córdoba y viva España!, ¡vivan las flores!

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